miércoles, 27 de febrero de 2013

Del baño al apaño.

Batallando sin prisa. Parte I

Si yo estoy BIEN, TODO está bien, o ya me ocuparé de que lo esté.

En lo que respecta a ESTAR BIEN  hay mucho que decir y no es fácil de explicar. ¿Estoy bien? ¿Comparándome  con quién? ¿Comparándome con qué? 
Estar bien no depende de la ausencia de dolor, no depende de estar libre de problemas.  No depende de lo que me pasa, ni de mis circunstancias, ni de mis realidades. 

Cómo decía Ortega y Gasset; -yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo-.
Sí me preguntas como estoy, siempre te diré que estoy bien, porque es así como quiero estar.

Yo me salvo cada día, tengo mis recursos y creo que lo que me sirve a mi puede servirte también a ti. Así  que,  me he animado  a poner por escrito  cómo es mi vida un día cualquiera.  Un día de andar por casa,  de continuas batallas  con lo cotidiano. Un día deprisa,o un día sin prisa; pero siempre, siempre, un día con risas.  
   

Del baño al apaño.

Me levanto hecha serrín,  polvo y ceniza.  A veces me pregunto si no seré sonámbula o un caso de desdoblamiento de personalidad y me pasaré la noche de discoteca en discoteca  rematando la velada en un after hour. O eso, o me atropelló el camión de la basura mientras estaba abstraída,  vete tú a saber en qué.

Madrugo  porque me encuentro mejor si me levanto temprano.

A juzgar por como responde mi cuerpo diría que he dormido estupendamente sobre una cama de clavos, y no soy faquir.  Me encamino al baño pisando sobre alfileres,  sin doblar las rodillas, al más puro estilo RoboCop.  De haberlo sabido Edward Neumeier,  RoboCop habría sido mujer y la protagonista me habría estudiado para interiorizar el personaje.  Ya le iba a explicar yo lo que es el agarrotamiento  matutino, tener cuerpo de latón y unas articulaciones más rígidas que la  Señorita Rottenmeier.
  
Creo que necesito 3-EN-UNO*, chirrío al moverme,  crujo como un mueble viejo y por  cuello tengo una cremallera,  muevo la cabeza a la izquierda,  rrrrrrrrrrrrrrrr,  la muevo a la derecha, rrrrrrrrrrrrr. El esternocleidomastoideo está ensamblado al escaleno o me han enyesado mientras estaba en brazos de Morfeo. La tortícolis comparado con esto es una caricia.

Primera parada, el baño. A ver cómo me apaño...   Doy gracias de ser mujer, porque la uretra duele, y mucho. ¿Qué iba a ser de mí con una uretra de dieciséis centímetros? 

Te voy a contar un secreto, no sé tú, pero yo por las mañanas no soy persona ni lo parezco. Y por si tengo alguna duda, en el baño hay un espejo de pared a pared. Bueno, pues,  en una cajita guardo una nariz de payaso. Si me descorazona un poco mi deplorable imagen matinal me pongo la nariz y sonrío de oreja a oreja. ¡Es pura magia!  
También hago uso de ella mientras busco el mapa que me lleva de vuelta a la calma de mi "bien estar", cuando acechan los densos nubarrones, pierdo el control y me deshago en llanto.   No puedo resistirme a la imagen de los ojos hinchados y la nariz de payaso y me dejo llevar por la risa que acude  a salvarme. 

A ver si hoy tengo suerte y puedo abrir la cafetera,  porque siento que mis muñecas son de fieltro. Estoy entumecida, inflexible, pétrea, hecha una pena.  

¡La muy... cafetera,  se me resiste!  A ver así;  la pongo sobre mi abdomen, intento desenroscarla pero sólo consigo dolor costocondrial  y una contractura en el trapecio. En el músculo digo, que no tengo yo el cuerpo para acrobacias. 
  
Pues,  ¡quiero café, necesito café!  ¡Ah, ya sé,  la almohadilla que uso cuando friego el suelo!  Sí, me arrodillo para fregar el suelo.  Ya sé que estamos en el siglo XXI, en la era de la fregona giratoria Spin & Go. Pues yo me arrodillo,  que me duele menos. 
   
A lo que iba, que me disperso. Digo que cojo la almohadilla y la cafetera, me las pongo sobre el abdomen, sujeto la cafetera con la mano derecha, con la izquierda agarro el asa y en un arranque que me lleva la poca energía que tengo, la abro. 

Ya sé que una cafetera eléctrica me facilitaría la tarea, que estamos en el siglo XXI y todo el mundo toma café encapsulado porque así lo manda George Clooney  pero,  ¡me niego a  renunciar al delicioso café de mi cafetera italiana! ¡Ay, las renuncias, que haberlas haylas! 

Al tapón del brick de leche le tengo controlado, le abro fácilmente con el cascanueces, que para eso soy una mujer de recursos. 

Orgullosa y tiesa, con el café en ristre, a ver cómo me las arreglo para llegar al sofá sin derramarlo o, sin dejar caer la taza, cosa que sucede cada dos por tres. Que  por cierto, dice mi marido que el problema soy yo, ¡que dejo caer la taza!  Pues sí, es una manía que tengo, me encanta tirarme por encima un café hirviendo a las 8 de la mañana. Otros se duchan, yo como no puedo ducharme hasta que se me pase el efecto RoboCop, me tiro café hirviendo por encima. ¡Qué le voy a hacer, maniática que es una!

Pues llego al sofá sin incidentes, ¡Ainss…!    He bregado mi primera batalla y he salido invicta.

Consulto mi agenda no vaya a ser que tenga algo urgente  y no pueda desembarazarme de RoboCop en toda la mañana o me quede sin aliento a la primera de cambio.  Ante esa posibilidad  toca llamar,  cancelar, anular, suspender, aplazar, posponer. ¡Qué despliegue de sinónimos!  Sí,  los uso mucho. Y sí, llevo una agenda, no es profesional. Doy gracias cada día por no tener que salir cada mañana a trabajar, eso ya no sería una batalla, estaría a medio camino entre cruzada y torneo medieval.  Es una agenda  personal, monísima.  La necesito porque tengo memoria de pez. De pez, pez. Mis detractores  me llaman Dori*.

Para que me entiendas te diré que hace un tiempo, no recuerdo cuanto, fui a hacer la compra a Carrefour Market que me queda cerca de casa. Compré demasiadas cosas. Iba cargadísima con unas cuantas  bolsas, echando pestes de mi misma por hacer algo tan absurdo, sabiendo que no puedo ni con el bolso.

-¡Por qué habré comprado tanto!- me decía.
-Vengo sin carrito, y me pongo a cargar como una mula.
Pues así todo el camino, animándome y diciéndome  cosas bonitas. 
Llego a casa y le digo a mi marido:
-¡No puedo con la vida, me duelen los brazos, los hombros, la espalda, ya estoy agotada para el resto del día y todo por no llevar carrito y  jugar a la mula Francis! 
Y me responde muy irónico él;
-Y, ¿el coche, dónde le has dejado? 
¡Cómo lo lees! ¡Llevaba coche, por eso compré sin medida, porque llevaba coche!  Me lo dejé en el parking de Carrefour.
Así funciono.  Ahora he mejorado mucho, sigo teniendo memoria de pez pero, hago la compra por Internet.  

A lo que iba, que me disperso, son las 08:15 y enciendo mi netbook. Lo primero es renovar el espíritu. Ya que no puedo tirar de mi cuerpo hasta dentro de un buen rato, me ocupo de lo que sí puedo hacer, refrescar el espíritu.  

Reflexionar sobre un pensamiento bíblico es mi mejor forma de empezar el día porque,   me reaviva el alma e incrementa mi bienestar emocional y espiritual (Salmo 19:7,8). Es muy agradable, sí. Reflexiones y café hacen un tándem extraordinario. Solo me lleva seis minutos, no necesito más, que tendré memoria de pez pero ostento una velocidad de reflexión que da vértigo.

¡Hala!,  ahora a actualizar el Facebook que con un poco de suerte aparecerá alguien que  me impulsará hasta mi próxima batalla.  Nunca se sabe en qué muro me aguarda una dosis de ilusión. En el de mi gemela de útero distinto, el del abogado homeópata multi-tarea, el de los amigos que lidian batallas semejantes a las mías cada día, cada uno con su propio desastre o  satisfacción. En alguno de ellos siempre me topo con lo que necesito para endulzar el gesto y recomenzar el día, otra vez.


* 3-EN-UNO, Aceite de uso industrial como un lubricante para usos múltiples. 
* Dori, Es una pez cirujano azul y negro (Paracanthurus hepatus) muy divertida. Sufre de amnesia anterógrada o falta de  memoria de corto plazo. Acompaña a Marlin en la búsqueda de su hijo. Es optimista, torpe, graciosa, hiperactiva con ojos salidos y tiene un espíritu libre. Dory será la protagonista de la futura película Disney Buscando a Dory, que se estrenará en 2016.