viernes, 15 de marzo de 2013

Tiempo de lavadora, lapso de aturulladora.


VIVIENDO DE RISA (batallando sin prisa). Parte IV

Después de la pausa posterior a la lidia en la Maestranza toca el enrevesado tejemaneje que me traigo con la lavadora.  
¡No me lo puedo creer (es sólo una frase hecha),  tengo en la lavadora la colada de ayer! Se me olvidó tenderla. ¡Por eso me extrañó tanto  cuando  fui a  quitar la ropa del tendal  y no estaba!
Algo no me encajaba,  tenía que haberme dado cuenta. Pues nada, ni se me ocurrió. 
Con la lavadora sostengo una batalla a perpetuidad.  Si lavo se me olvida tender la ropa.    Si me acuerdo de  tenderla, no la puse a lavar  o  descubro estupefacta que la ropa  ha desaparecido, cosa que no entiendo, porque yo recuerdo perfectamente haberla metido... en algún sitio. Exactamente, en el cubo de la basura que está en la puerta de al lado. 
Se ha dado el caso de  lavar sin detergente, sin lejía,  sin suavizante y hasta sin ropa; sin agua no porque se sirve ella sola. Y por si todo esto fuera poco,  hubo épocas en las que un elemento temerario ponía a prueba cada día mis facultades perceptivas. El gato. Se libró de varios ciclos a 40º por los pelos.  
  
Otro enigma relacionado con la lavadora es que los calcetines desaparecen misteriosamente. Sospecho que los sustrae al descuido y se da a la fuga,  la he sorprendido huyendo durante el centrifugado, que de un rebote iba ya por  mitad de la cocina. El trajín que me traigo con  la lavadora movediza es tan delirante que  CUARTO MILENIO podría convocar una mesa de expertos para analizar el asunto.
Lo que necesito es una lavadora que hable y me detalle cada paso del proceso. Desde -coloque la ropa en el tambor- a, -su colada está lista, tienda la ropa antes de que se le olvide-.   Mi experiencia con los electrodomésticos parlantes es muy positiva,  son unos aparatos muy socorridos.

  
Por ejemplo,  mi aspiradora robot Roomba.  Sinforosa  la llamo cariñosamente.   Pues Sinforosa  habla,  y yo la escucho.  No veas la compañía que me hace. La verdad es que mucha conversación no tiene, pero está toda la mañana detrás de mí, ¡qué manía con meterse entre mis pies!  Yo creo que busca protección la pobre.  Que en su corta vida ha pasado por  experiencias terriblemente traumáticas.  Un día que estaba mi suegro en  casa, la vio quieta, inmóvil,  estacionada en su base,   y se subió encima.  Me dice el hombre, - y en esta báscula, ¿cómo se sabe lo que pesas?  ¡Casi me da un pumba! La  muy sufrida ni se desprogramó, eso  sí, pedía a gritos:          -¡Traslade a Roomba a una nueva ubicación!- .   Es un invento doméstico brillante,  me libra del 95% de la dolorosa tarea de pasar el aspirador y encima habla.  No se le puede pedir más.
Otro artefacto parlante que me facilita mucho la vida doméstica es la Chef 2000. En mi vida y mi cocina  hay un antes y un después de la Chef. Antes todo era puré, las alubias, los garbanzos, las lentejas, la coliflor, todo. Yo ponía la olla al fuego y si la he visto no me acuerdo  hasta que volvía a pasar por la cocina. Todo puré.  Después de la chef,  comemos al dente. La programo,  ella solita prepara la comida para la hora que le pido  y la conserva caliente y lista para servir. Si se me olvida dar al botón de inicio, me lo recuerda  gentilmente. Es un cielo.
   
La plancha también debería hablar, por su bien y por el mío.  La pobre que poco entusiasmo despierta.  Yo no encuentro el modelo que se adecue a mis necesidades, que básicamente se reducen a una; no tener que planchar.  A mi planchar no me relaja, al contrario, me agarrota.  Acabo con los músculos hechos pelotas, más enredados que un pulpo haciendo nudos marineros.  
Hasta he buscado en Internet  trucos que me simplifiquen  la  ingrata tarea de planchar.  
–Tiende tu ropa nada más terminar el ciclo de lavado-.  ¡Qué más quisiera yo! 
-Los pantalones se planchan bastante bien si los dejas bajo el colchón-.  Ya.  Y el colchón ¿cómo lo levanto?  ¿Llamo a Mapfre y que me manden una grúa?  
-Un baño de vapor en el cuarto de baño es un truco que conocen bien los que viajan a menudo-.  Ya. ¡Cómo se nota que los que viajan a menudo no tienen que limpiar el cuarto de baño después del vapor!  
-Antes de planchar una falda plisada, es necesario tener la precaución de hilvanar los pliegues-.  Pero, vamos a ver, ¿esto no era para quitar trabajo?  Mejor lo dejo, porque estos consejos me crispan más que planchar.

Lo que hace que la plancha sea un artefacto realmente peligroso es que no habla, no avisa. Qué menos que tener un dispositivo pitante, como las alarmas de las puertas de los frigoríficos. Si estoy planchando y llaman a la puerta, al teléfono o salgo de la habitación detrás de  una mosca, no me acuerdo más de la plancha hasta que vuelvo a pasar por donde la dejé. Y si no paso por allí, sigo viaje tan tranquila. Que alguna vez  nos hemos ido de fin de semana y se ha quedado enchufada. ¡Si por lo menos hubiera seguido planchando sola! 

Tengo que reconocer que soy de naturaleza distraída, eso sí.  No descarto  que mis circuitos neuronales, sean circuitos Pullmantur y mi cerebro esté todo el día de crucero,  con un mojito de más y sin prestar atención al  diario de a bordo.  No pretendo excusarme pero la cuestión es que,  hay una razón científica para esta leonera mental que manejo.

Cualquier persona que no disfruta de un sueño reparador,  no descansa y por consiguiente,  tiene problemas con la capacidad de concentración y la memoria inmediata.  Me incluyo entre las personas que tienen insomnio de mantenimiento. No estoy de guasa, se llama así. Quien padece insomnio de conciliación tiene dificultades para iniciar el sueño, quien sufre de insomnio de mantenimiento se despierta infinidad de veces durante la noche. Pues esta soy yo;  de noche insomnio de mantenimiento,  de día  me digo que todos los genios son olvidadizos.

Toda la vida bromeando sobre los estados en off de mis neuronas y, mira tú por donde,  un grupo de investigadores de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos) ha descubierto que hay grupos de  neuronas que se «apagan», se echan una siesta mientras estamos despiertos, para hacer frente a la falta de descanso. 
Mi cerebro se duerme cuando estoy despierta por mi bien, ¡mira si es majo! 
¡Cómo me tranquiliza la Universidad de Wisconsin! Sólo deseo que mis neuronas no tengan una desconexión  temporal mientras conduzco. 

Por lo demás la memoria o la falta de ella, no me preocupa. 
Es verdad que a veces, envidio una buena memoria, es entonces cuando me acuerdo de Funes el memoriosodel cuento de Jorge Luis Borges. 
Prefiero no tener memoria y ser capaz de pensar.

Einstein dijo que la memoria es la inteligencia de los tontos, y por la parte que me toca, estoy completamente de acuerdo.