viernes, 22 de marzo de 2013

Limpiar los cristales o dejarlos naturales.

VIVIENDO DE RISA (batallando sin prisa). Parte V


Para estas horas ya he estado dispuesta a comerme el mundo varias veces.  Lo que pasa es que el mundo es grande y los bocados  pequeños,  así que  voy a tardar más de lo previsto.  Está decidido, aprovecharé mi día bueno  para limpiar los cristales, TODOS.   Están  más sucios  que la mampara del baño de los tres cerditos.


Mis ventanas serían el paraíso para   Scott Wade,  el artista de los coches sucios.   A este hombre le das unos cristales sucios y te hace una reproducción de La Gioconda que me río yo del sfumato.  ¡Haríamos un equipo estupendo Scott y yo! 
Yo pongo los cristales. Sucios.

Limpiar  cristales  es  una batalla campal en la que invariablemente pierdo yo. He probado todos los métodos de limpieza.  No hay manera.   Todo son  marcas, brillos  y huellas.  Es frotar y frotar para volver a empezar y nunca acabar.  ¿Cuándo decido que ya están limpios?  No se ha dado el caso.

La limpieza tradicional  con bayetas y frotando  me destroza los hombros. Eso sí, tonifico los bíceps y  tríceps  que da gusto.  ¡Que me digan a mí que mantener la tensión muscular en los brazos es beneficioso! ¿Para quién?   Para Hércules que limpió los establos del rey  Augías en un día,   porque para mí  es doloroso y agotador.  Y va para largo,  porque los cristales  se amotinan, reflejos por aquí,  sombras por allá  y vuelta la burra al trigo.

Me duele el hombro  más que ver a  Yurena -Tamara la mala-  interpretando Aida, la princesa etíope de Verdi.  Probablemente sea la periartritis escapulohumeral  que se resiente. 
¡Qué manera tienen los  reumatólogos  de complicar las cosas, con lo sencillo que es decir: 
-Tienes tendinitis!-
Pues no.
-Tienes Periartritis Escapulo-humeral-  que si no es por San Google todavía no sé lo que tengo.
–Te voy a poner una  infiltración  que tienes el hombro congelado-.  Pues yo frío no le noto, oiga.   
¡Hala,  tengo el hombro congelado y me dice que le ponga hielo quince minutos cada hora!  No hay quien los entienda.

Yo creo que los médicos hablan poco y usan lenguaje ininteligible  para que seamos usuarios pasivos y no demos la lata.  -Usted obedezca  y no me replique que el médico soy yo-. ¿No sería mejor para todos  que nos dieran  diagnósticos  claros, con palabras entendibles de las de andar por casa?

Si el médico me dice, -tiene usted una enfermedad terminal-;  conociéndome, con mi cerebro en función dispersa, puedo buenamente entender que se trata de una  patología ocasionada  por  hacer cola  varias horas en  el aeropuerto  o efectos secundarios del territorio  Duty Free. Con lo fácil que  es  decir,  -se va usted a morir-. Que igual ser tan claro no es  muy conveniente, pero inequívoco es.
                                                                                                                                  
Esto me recuerda  una leyenda urbana que circula por ahí. Cuentan  que a un médico residente le encargaron comunicar la muerte de un paciente a sus familiares. Su adjunto le dice que sea escueto y  que no dramatice.  Y el pobre residente, al  que no le habían enseñado técnicas de comunicación en la universidad, se bloquea con los nervios y le dice a la esposa del muerto; - colorín colorado,  este cuento se ha acabado-.  
Pues  yo le hubiera entendido.

Los galenos no quieren  que les entendamos, tienen miedo de que sepamos más que ellos.  Cuando los pacientes queremos  tomar nuestras propias decisiones médicas se  percibe su resquemor.    
-¡Vaya, no sabía que usted  también fuera médico!-; resquemor.  Si preguntas por el principio activo; resquemor. Si propones una terapia alternativa; resquemor. ¿Un paciente informado, un médico amenazado?  
Con la de  recursos y tiempo que ahorraríamos, ellos y nosotros, si nos hicieran caso!

Hasta podríamos ser de gran ayuda para poner nombres a las enfermedades.  Nombres que se ajusten a la realidad.  Que ¡ya les vale!  Que no acierten con la causa,  se puede perdonar.  Que no acierten  con el diagnóstico,  también.  Que no acierten con el tratamiento, ¡venga!,   también lo perdonamos. Pero  no acertar  con el nombre,  no tiene perdón posible.

FIBROMIALGIA (FM),  un término acuñado en 1976 (del latín fibra, que se refiere al tejido fibroso (tendones y ligamentos) , del griego mio, músculo  y algia, dolor).   Este nombre no encaja con  lo que  actualmente se sabe de ella  ni aunque le patees.   Si  nos  hubieran preguntado a los afectados  tendría un nombre  idóneo que no habría que cambiar ante nuevos descubrimientos científicos.  Se llamaría  TODALGIA  (me duele todo),  FATIGALGIA  (qué cansancio, qué dolor) o simplemente QUIEROYNOPUEDO,  que más descriptivo no puede ser.

Creo que me he desviado del tema un pelín.  
¡A los cristales, que me disperso!  
Para qué voy a  ir al gimnasio si  limpiando ventanas hago más ejercicios de repetición que  Daniel Larusso (Karate Kid,   dar cera, pulir cera).  
Después de batallar con el modo tradicional, al cristal rogando y con el paño dando,  definitivamente me decido por el método Fairy-kit de cristalero.

¡Que despilfarre de energía! ¡A la porra los ejercicios  de repetición, a la porra el  fitness, a la porra los cristales, a la porra la porra!

¡Una ventana, he limpiado una triste ventana y se acabó lo que se daba; si es que se daba algo, y si se daba, lo daba yo!  No sé cómo me las arreglo pero siempre acabo pagando. Que pensándolo bien me sale mas barato cambiar los cristales que limpiarlos.

Antes de empezar,  podía con todas las ventanas.  ¡Hay que ver como es la cosa!, la mente puede con todo y el cuerpo dice, -no te lo crees ni tú-. 
-El espíritu está pronto, pero la carne es débil-. (Una exégesis sesgada e interesada de Mateo 26:41)  
  
Lys describe a la perfección este conflicto, cuerpo-mente: -Sólo estoy cansada en el presente,  en el futuro nunca... hasta que se hace presente-.  
Si la tarea está en el futuro puedo con ella y con los doce trabajos de Hércules.  Por eso emprendo infinidad de actividades  ilusionada, voluntariosa y feliz,  convencida de que puedo con ellas.  La mayoría terminan cuando el futuro se hace presente.

La ventana ha supuesto  una paliza considerable. Me siento como si  hubiera cogido una gripe instantánea.  Desparrame de síntomas en cascada; dolor articular,  malestar general,  sensación de fiebre, mareos, cansancio. Me he condecorado con una banda de tensión muscular  dolorosa  porque el  buen hacer siempre tiene premio. ¡Toma, por  sabotaje anatómico en   tu día bueno!  

Pues hala,  a  bajar  las persianas y a correr las cortinas, que corazón que no ve es  corazón que no siente, como canta  Alejandro Sanz.
Justamente  eso, cerrarlo todo, era lo que pensaba hacer al terminar de limpiar porque  no soporto  la luz.  
Se llama fotosensibilidad,  que no es lo mismo que sensibilidad fotográfica, que ya quisiera yo.  
A mí me gusta la luz  pero a mi hipotálamo no.    Somos incompatibles mi hipotálamo y yo.  Él viviría con los ojos cerrados y con la calefacción a 15º, yo viviría en el Caribe sin gafas de sol.
 
La conclusión del asunto es: ¡PA QUÉ HACES NÁ!

¡Qué frustración con los cristales!  Estoy hecha polvo y con el estado de ánimo por los suelos.  Me  siento más inútil que el bolsillo de un pijama.  ¡Menuda vida!  Menos mal que  para detener el efecto bola de nieve de los pensamientos  derrotistas dispongo de un arma de construcción  masiva...