jueves, 18 de abril de 2013

El noble arte de no hacer nada y hacerlo bien.

VIVIENDO DE RISA (batallando sin prisa). Parte VII

"Il dolce far niente", que dicen los italianos. O, lo que es lo mismo,  'lo dulce de no hacer nada'.
¡Hay que ver los italianos, qué listos!

Siempre he pensado que lo mejor de Italia es:  Leonardo Da Vinci, la ciudad de Florencia y  "Il dolce far niente".  

Voy a terminar por creer que todo está conectado y que efectivamente,  en  el universo existen relaciones inseparables temporales, espaciales y causales.  (Esto último debe de ser muy profundo porque yo, no lo entiendo).
El caso es que si todo está conectado, el universo acaba de guiñarme un ojo,  porque he descubierto la conexión  entre lo mejor de Italia.

Leonardo  Da Vinci no nació  en la misma Florencia, pero casi.  Su padre, fue notario, canciller y embajador de la República de Florencia, así que, se le considera florentino y punto. 

Fruto de mi particular diagnóstico diferencial he llegado a la conclusión de que Leonardo era un habitual de  "Il dolce far niente". Su capacidad inventiva y su curiosidad infinita sólo pueden ser equiparables a su afición por "lo dulce de no hacer nada".
 
¿Cómo si no puede explicarse que a un hombre que fue pintor, anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista, sólo  se le conozcan  poco más de una decena de  obras?  Porque por encima de todas las artes que dominaba, su gran pasión  era: ¡EL NOBLE ARTE DE NO HACER NADA!

Que el universo conspiraba para tal fin es un hecho irrefutable, el hombre nació en sábado, o sea,  fin de semana. Se veía venir.

Lo que más me asombra es que yo misma estoy conectada con lo mejor de Italia, pues  se puede decir que he superado el nivel experto en "Il dolce far niente".  

Si estás pensando que no hacer nada es una aptitud innata,  al alcance de todos y  que no precisa de ningún talento, estás en un craso error.  Sí te fijas, te darás cuenta que  la mayoría de la gente manifiesta un ansia irrefrenable por mantenerse en constante actividad.  Es como si tuvieran  que llenar su vida de actividad para que no esté vacía.  Todo lo que no sea estar activos lo consideran una pérdida de tiempo. 


Hasta pararse a pensar  es perder el tiempo.  Así que,  piensan sobre la marcha.  Hay quienes para pensar hacen  ejercicio intenso,  creen que así obtendrán una reflexión sesuda.  Se suda mucho con el ejercicio, sí. Pero, una reflexión sesuda  es otra cosa.  Tiene que ver con el seso, la capacidad de pensar y  el buen juicio. Y para eso no hay nada mejor que parar, no hacer nada, estar en silencio y sólo después pensar.

Pero si  parar, estar  quietos, nos cuesta, ya no te digo estar quietos y en silencio.  Necesitamos ruido más que comer.  ¡Qué horror quedarse en silencio!  Puede ser abrumador. Somos adictos a los estímulos externos. Yo misma, hasta hace pocos años, entendía la vida como un no parar.

Si me tumbaba a descansar en el sofá, ponía la tele, el DVD, el portátil o me ponía a leer. La cosa era no quedarme  a solas con mis pensamientos, o conmigo misma. No vaya a ser que encontrara a mi mí interior y no le reconociera. Que más vale lo bueno desconocido que lo malo por conocer.  ¿Mira que si me quedo en silencio, me encuentro a mí misma y no me gusto?  ¡Qué shock emocional! Tendría que hacer algo, cambiar, dejar atrás.  
¡Cuánto trabajo!  ¡Que no, que no, que lo que quiero es descansar!

Así que, me rodeo de ruido aunque quiera dormir. Me duermo con la troupe  de Sálvame dando gritos, que ya es difícil. Y estoy tan dentro de la frecuencia del ruido que si me apagan la tele, me despierto. -¿Por qué me apagas la tele, no ves que la estaba viendo?-  ¡Lléname el silencio, hombre!

El miedo al silencio existe,  y  alguien le ha puesto nombre, sigefobia.  Una de las enfermedades del siglo XXI.  Una enfermedad que puede ser mortal para mi mí interior.

Noto que me disperso...  Estábamos hablando del noble arte de no hacer nada.  
Como todas las artes, pueden ser grandes obras o grandes chapuzas y si no, ahí está el estropicio de Cecilia Giménez, cuando el eccehomo "se le fue de las manos".   Como decía su propia nieta: "Hasta ahora solo pintaba sobre la túnica, el problema es que ahora se ha metido en la cabeza".  ¿Ves cómo todo está conectado?  ¡El problema está en la cabeza!

Pues eso, existe el noble arte y la gran chapuza de no hacer nada.  Y todo está en la cabeza.

No hacer nada  pensando en todo lo que debería estar haciendo es una forma de tortura como otra cualquiera. Decido  concederme media hora para descansar y mi cabeza no deja de dar vueltas a todo lo que debería estar haciendo: ropa que planchar,  suelo que fregar,  reunión que preparar... Hacer no hago nada, pero me quedo hecha fosfatina  sufriendo por  todo lo que debería estar haciendo.  He pasado media hora tumbada y estoy más cansada ahora que cuando me acosté.  Media hora de trabajo mental a destajo me ha dejado para el arrastre.  ¡Esto sí que es perder el tiempo!  No he hecho nada, ni siquiera descansar.  Eso sí, estoy  más agobiada que el fontanero del Titanic.   Podría crear una web dando ideas para el atosigamiento: meatosigosola.com.
 
El arte de disfrutar en lugar de sufrir cuando no haces nada, requiere práctica. Mucha.
  
Jorge Bucay, en su libro El camino de la espiritualidad  dice:   "Te propongo que de hoy en adelante si es que no lo has practicado todavía encuentres al menos una hora todas las semanas para sentarte en silencio y no hacer nada .No te asustes. Cualquiera puede, y tú también, estar una hora sin hacer nada".

¡Hala, una hora nada menos!  ¡Qué poco realista es este hombre!
 
Pues eso, no te asustes. No te preocupes, no vas a estar  una hora sin hacer nada, no estás acostumbrad@ y podría darte un pumba.  Yo, que soy mucho más realista que Bucay y, nivel experto en el noble arte de no hacer nada,  te propongo empezar con sesiones de práctica de diez minutos.  Con una dosis de diez minutos no te dará tiempo a empezar a reprocharte estar  "perdiendo el tiempo con todo lo que tendrías que estar haciendo".  Si practicas diez minutos al día, acabará por gustarte la experiencia. Descubrirás que más que una pérdida de tiempo es una inversión.

Busca un lugar tranquilo. Si decides hacerlo en casa, hazlo a una hora que no haya nadie. Porque una cosa es cierta, se encargará de sabotearte el invento hasta el perro.  Desconecta el teléfono, apaga el televisor. Deshazte de las distracciones.  

Adopta una postura cómoda, una en la que ningún músculo de cuerpo esté en tensión.  Cierra los ojos.  En los próximos minutos no vas a hacer nada.  Sólo respirar, por la nariz.
Presta atención sólo a tu respiración.  Vas a relajarte para no hacer nada y hacerlo bien. Respira lenta y profundamente  con el abdomen.  Sí, hij@ sí, con el abdomen, has leído bien. Tu ombligo está exactamente en el centro. Con esa referencia anatómica no te perderás. A ver, ¡que inspires inflando la barriga!, luego el aire ya irá subiendo.
Para saber si lo estás haciendo bien coloca una mano en el abdomen y nota cómo con cada inspiración este se hincha,  retén el aire unos tres segundos y comienza  a soltarlo suavemente.   Notarás como tu abdomen desciende con cada espiración. 

Espiración, no expiración. No se trata de que te mueras sino de que te relajes.

Después de tres respiraciones lentas pero profundas, respira  rítmicamente de una forma que te resulte natural.  Si no te salen las respiraciones profundas prueba a suspirar voluntariamente.No sé, piensa en un novi@, o mejor, en unas vacaciones en el Caribe.


Aprovecha estos minutos para decirte cosas que te hagan sentir bien: -Cada respiración, me carga de energía, de paz-. – Estoy bien, a gusto y relajad@-. -Mantendré este estado de bien estar el resto del día-.

Si te distraes y viene algún otro pensamiento, simplemente déjalo pasar, no te  molestes en luchar con él y verás que, como casi todo en la vida, igual que viene, se va.  Presta atención a tu respiración. En este instante el pasado y el futuro no existen. Sólo estás tú y estás bien. Todo está bien. 

Si crees que no lo has hecho bien, practica todos los días durante unas semanas, que Zamora no se ganó en una hora. 
¡Anda, que éste también la lio parda con el sitio de Zamora! Siete meses estuvo el rey Sancho II de Castilla, el Fuerte, sitiando Zamora para arrebatársela a su hermana y al final le asesinan con su propia espada.  ¡¿P’a qué quieres tú Zamora si tienes el reino de Castilla y  el reino taifa de Zaragoza?!  ¡Ay, cuánto daño hizo la ley navarra a este hombre!

Pues a lo iba, hay que persistir, que Zamora no se ganó en una hora.

Cuando llegues a nivel experto  prueba a regalarte estos minutos en  la bañera.  Agua caliente, esencias aromáticas... uuummmm.  Siente el agua caliente sobre tu piel como una caricia. Respira profundamente y disfruta de los aromas que te envuelven. El ambiente y la temperatura son agradables. Te has regalado unos minutos en los que estás cuidando de ti. Necesitas cuidarte  para que todo a tu alrededor esté bien. ¿Qué harías tú sin ti? Si tú estás bien, todo está bien o, te ocuparás después de que lo esté. Este momento es un regalo sólo para ti.

Y si quieres rizar el rizo, coge un trozo de chocolate o un bombón.  Cierra los ojos y céntrate sólo en el chocolate. Huélelo.  Degústalo lentamente.  Siente como se derrite  en tu boca.  Siente su textura. Deléitate con su  sabor general y sus micro sabores. Una explosión de placer en tu boca.

Tú practica, que cuando alcances el nivel experto podrás hacerlo en cualquier parte.  Meterte en la bañera no, digo el no hacer nada. Disfrutarás de esperar, en el médico, el dentista, en la estación, en un atasco. Sin preocuparte de lo que tienes que hacer después. Sin hablar por teléfono, sin leer el periódico,  sin actualizar tu Facebook, sin usar el WhatsApp. Sin hacer nada.

¡Una experiencia plancentera como pocas! Ya me contarás.

Pero me lo cuentas otro día, que ahora estoy ocupadísima en el noble arte de no hacer nada.




A Luis Serrano Tausía:  gracias por enseñarme a parar y disfrutar el placer de hacerlo.