jueves, 16 de mayo de 2013

Se vaticina follón en la cocina.

VIVIENDO DE RISA (batallando sin prisa). Parte VIII


Mi pregunta existencial por excelencia es,  ¿qué pongo para comer? No sé tú, pero yo, soy una náufraga culinaria. Lo mío por sobrevivir en la cocina es una auténtica lucha. 

Todos los días formulo la misma pregunta, ¿qué pongo para comer?, e invariablemente, recibo las mismas respuestas, –Cualquier cosa-.  ¡No veas qué peso me quita de encima! ¡Cualquier cosa, dice!  A ver qué te parece este menú degustación: bocadillo de acelgas con espuma de plátano caramelizado.¡Es que...!
¡Menuda ayuda eso de,  cualquier cosa!
Otra respuesta que me saca a menudo del  atolladero es:   -Lo que haya-.  Lo que hay es, ¡NADA, por eso pregunto  qué pongo para comer!

Con lo fácil que sería hacer todos los días lo mismo.  En realidad, mi menú indispensable sería  la Poción Mágica de Astérix y Obélix.  ¡Cómo me cambiaría la vida esta poción! ¡Una vida con energía! Llevo años soñando con dar con la fórmula secreta.  
Desde luego, Panoramix podía haber dejado la receta, pero no, "de boca de druida a oído de druida". ¡Mira que son suyos los druidas!

En mi ardua labor de investigación,  historieta por historieta,   di con unos cuantos  ingredientes. Estaba animada con la búsqueda hasta que me topé con el muérdago.  Ahí ya, desistí del empeño. Sí, es que entre que no soy perseverante y que Panoramix no lo puso fácil, me achiqué enseguida.
 
Los usos del muérdago se remontan a  la Edad Media, se  hunden en la Europa Céltica.  ¿En qué quedamos, se remontan o se hunden?, que diría Marcos Mundstock

El caso es que,  los druidas de la antigua Britania creían que el muérdago poseía poderes mágicos, así que, lo empleaban a fin de protegerse de los demonios, los hechizos y otros males. Con el tiempo y el desbarajuste propio de las tradiciones, surgió la superstición de que besarse bajo el muérdago conducía al matrimonio y  la pareja era dotada con el don de la fertilidad.  Es curioso que,  durante la temporada de la Navidad algunas personas aún siguen esta costumbre.   ¡Mucho ojo con estas prácticas, que empiezas creyendo que te van a mantener  lejos de los demonios y acabas dándote de morros con ellos!  

La relación del muérdago con los cultos paganos es todavía tan estrecha, que, según el libro The Customs and Ceremonies of Britain (Costumbres y ceremonias de Gran Bretaña), “ningún decorador de iglesias lo consideraría admisible, salvo en la catedral de York”.


Mira que,  esta catedral siempre me ha parecido un poco sospechosa...  y no es porque sea gótica,  que yo soy muy respetuosa con las tribus urbanas, ¡allá ellas! Lo que me mosquea es una cabeza de dragón en el techo de la nave. Si hay un dragón,  hay un druida cerca con un manojo de muérdago en la mano, seguro. Ahora que lo pienso... los druidas señalaban donde construir los templos... ¡Ay, madre! ¡Miedo me doy cuando empiezo a razonar fuera del recipiente! 

A lo que iba. No andaban muy desencaminados los druidas cuando atribuyeron al muérdago propiedades curativas. Hoy día se han reconocido  sus muchas propiedades medicinales. Tiene efectos diuréticos e hipotensores,  antiespasmódicos y tranquilizantes.  Previene la  arterioesclerosis, es buenísimo para afecciones reumáticas y para el tratamiento de tumores malignos. ¡Ojo, que puede  resultar tóxico, no la vayamos a liar!

“La tradición decía que había que pedir permiso a la planta antes de cortarla, y que quien no lo hiciera con la debida reverencia sufriría todo tipo de males. Había que cortarlo cuando la luna tenía seis días, de un tajo, utilizando una hoz de oro y evitando que cayera al suelo.  Y por supuesto,  primero tienes que trepar al árbol, porque la plantita crece en los árboles, cuánto más arriba mejor.


Vale. -Reverendísimo señor muérdago, ¿sería tan amable de dejarse pegar un tajo? Es que voy hacerle sopa-. Planteado así, igual se deja. Si le apetece sopa... tomarla, digo. 

A ver, que tengo que contar seis días. Será desde la luna nueva, claro. ¡Cachis, tengo que esperar al mes que vine!  ¡Mira, así me da tiempo a buscar la hoz de oro, que con las prisas no sé dónde la puse!
¡Estos druidas, que manera tienen de complicar las cosas! 


Pues,  haz como yo, pasa del muérdago, pasa de druidas y pasa de la catedral de York.  Bueno, no. Si pasas por la catedral de Yok,no pases de largo, pasa a verla, es un edificio impresionante con una historia fascinante.

De todos modos, en casi todas las páginas web renombradas y rigurosas se recomienda no tomar la poción mágica sin la prescripción de Panoramix. Total que,  he renunciado a  la poción pero,  me he culturizado un potosí.

Así que seguiré con mi dieta equilibrada (balanceada que dicen mis amigos americanos)  y mi  avena,  que hoy por hoy,  es el alimento que mejor me va para el cansancio. 

Lo malo es que mi marido quiere comer y cenar todos los días.  ¡No se puede ser más exigente!

Lo mejor es planificarse, ya lo  sé.  Un menú para cada día de la semana es lo ideal. Ya, el problema es que si no sé lo que voy a poner  mañana, ¿cómo voy a saber lo que voy a poner toda una semana? 

Menos más que San Google me saca del apuro una vez más: CONSUMER EROSKI publica un menú del día sano y equilibrado desde el año 2001.  

¡Y yo sin saberlo! Ahora sólo tengo que adaptarlo para que se ajuste a mis leyes básicas de cocina, que resumiendo se sintetizan en una:
¡Manchar lo menos posible!
  
Sí, sí, que luego tengo que fregar. 
Cocinar como mi marido, lo hace cualquiera. Es que el muchacho cocina, pero no friega.
¡Y encima dice que cocina para ahorrarme trabajo! Convencido está.
¡Cuándo se dará cuenta este hombre de que la intención sola no basta! Lo que cuentan son los resultados. Y si no, que se lo pregunte a su Real Madrid. Y no es que quiera yo meter el dedo en la llaga. ¡Dios me libre!   (¡Hoy me quedo a gusto, como no me lee...!)
                                                                 
Bueno, pues eso, se pone a cocinar y parece que ha invitado a comer a Gargatúa y Pantagruel. A parte de que no sabe cocinar para pocos,  mancha a lo grande, al despilfarro.  Toda la cacharrería al completo y eso sin hablar de las salpicaduras. 
Que no hablo porque no quiero, porque poder, puedo. Aún recuerdo el día que se puso a hacer costilla adobada. Había salpicaduras hasta en el techo. Pensé que  había traído el cerdo a casa y estaba de matarife en la cocina, no te digo más. 

Yo pretendo  iniciarle en la cocina crudívora.  Todo por su bien, claro. Los alimentos crudos todo son ventajas, mantienen intactos sus nutrientes, aportan vitalidad, hasta rejuvenecen.  Pues nada, no hay manera. Se rebela, el hombre. 

Que no es un asco esta dieta, que no. Que los alimentos además  de cocinarlos se pueden  macerar, deshidratar, triturar, rallar o fermentar. Pueden estar buenísimos. Y casi sin manchar. El paraíso de los que no quieren fregar la cocina.

Yo es que soy mucho de hacer potingues y brebajes. Sin manchar, claro.

Lo último que hice fue un jarabe para la tos. 1 cebolla, el zumo de 2 limones, 2 cucharadas de miel, 1 raíz de jengibre. 
¡Sabe a rayos! Por cierto, ¿a qué sabrán los rayos?
  
Sólo conozco a una persona que ha probado uno, mi padre, y no se quedó a saborearle precisamente.  Quedarse se quedó, estático y tembloroso unas cuantas horas.  Pues  no sabe decirme el sabor del rayo.  
¡Qué oportunidad más desaprovechada! 
Mira que siempre se lo digo,  -vive el instante presente-, pues vete tú a saber en qué se puso a pensar. El hombre ahí, hendido  por el rayo, como el olmo de Antonio Machado , y pensando en otra cosa. ¡Ainsss...  estos hombres no están en lo que celebran!

A lo que iba.  El bebedizo para la tos. Que sabe a rayos.  Se me quitó la tos a los seis o siete días, en el mismo tiempo que si no hubiera tomado nada. La próxima vez me tomo nada y así mancho menos.

Hacer la comida es un proceso doloroso como otros muchos.  Si cortas carne, duele. Si picas verduras, duele. Si pelas patatas, duele.  Hasta hacer comida latina se vuelve una misión dolorosa. Y cuando hablo de comida latina, no me refiero a platos típicos de Latinoamérica, hablo de comida de lata. Pues ni a esa, que ya viene cocinada, se puede acceder sin dolor. Me río yo de las latas abre fácil.

Definición del  TheFreeDictionary:

abrefácil s. m. Sistema de apertura de ciertos envases herméticos, como latas o tetrabriks, que permite abrirlos con las manos sin necesidad de ningún utensilio.

¡¡Y una m...!!  ¡Te juegas la vida con una lata abre fácil! 

Bueno pues, hay gente que se ha empeñado en hacer más fácil los  abre fácil de las latas.  Son terroristas del menaje que han inventado unos artilugios infernales. La última vez que usé uno, la lata se fue a tomar vientos con el consiguiente vertido oleico por todo el suelo de la cocina, una tragedia comparable a la del Prestige.

Parece fácil ¿eh?
Por no hablar de los bricks abre fácil, esos que tienen una línea de puntos troquelados, que como todo el mundo sabe son imposibles de romper y  lo más fácil es coger la tijera de toda la vida y darle un tajo.

¿Y los abre fácil de los embutidos?  Deben estar sellados con el fuego eterno en el que ardía la Ciudad Blanca de Aradawc. 
¡Madre mía! Abre fácil ¿para quién? Ni Gilgamesh con el poder de las piedras Ythion abre esto antes de que caduque.
Por cierto, si a alguien se le ha dado el caso de poder volver a cerrar el paquete, puede darse con un canto en los dientes.  

Pero, ¿por qué nos engañan miserablemente? Nos dicen que nos facilitan la vida cuando lo que hacen es complicarla más.   ¡Vamos, yo veo un producto abre fácil y me pongo a temblar, sudores me dan! Encima, la tontería esta debe crear adicción porque, ¡lo sigo intentando, oye! Sé que de abre fácil sólo tiene el nombre. Pues venga, todos los días la misma lucha. Debería haber una oficina de reclamaciones para los damnificados por el abre fácil. 

Aunque, lo que realmente me cabrea es que abre fácil lo escriban todo junto.  

Pues sí, la cocina es una trampa maléfica. 
¡Se la ve tan bonita! 
¡Todo fachada, no te fíes un pelo!


A mí me da miedo meterme en la cocina y no por el precio de los alimentos, que también.



A base de cortes, quemaduras y alguna que otra catástrofe(explota la olla a presión o la cafetera, se incendia la sartén,  me trituro un dedo con la batidora... etc.) vas aprendiendo que no es un lugar de fiar. 


¿Cómo vas a estar tranquila en un sitio en el que hay fuego, agua y aceite hirviendo, enormes y afilados cuchillos y artilugios cortantes eléctricos que tienen vida propia?

La encimera muy baja, los armarios muy altos. El fregadero muy pequeño. El horno en el suelo. La campana extractora muy ruidosa. El lavavajillas que no tengo. 



¡Cuánto sufrimiento junto en una cocina!



Que visto lo visto, hay que desmitificar a los inquisidores como los mayores torturadores de la historia. Los diseñadores de cocinas y de abre fácil son mucho más eficaces. 

A mí me pones en una cocina y confieso que maté a la madre de Bambi

¡¿Dónde está Amnistía Internacional cuando se la necesita?!