lunes, 3 de junio de 2013

La refriega de fregar.

VIVIENDO DE RISA (batallando sin prisa). Parte IX


Lo peor de la cocina es el fregoteo final, cuando la energía brilla por su ausencia y los dolores se acumulan como los depósitos de dermatopaniculosis en la región femoral. *

Si hubiera un decálogo sobre lo que no se debe hacer después de comer, habría que incluir fregar la cocina.  ¡A mí me entra una pájara después de comer!  Se “me cae el sistema”,  no tiro ni en función básica.  

Por lo visto los  niveles de glucosa en sangre que aparecen después de comer pueden desactivar algunas células del cerebro que nos mantienen despiertos. ¡¡Jolín con las desactivaciones!!  Me paso media vida en modo apagado. Y no es que tenga sueño,es que no tengo vida.

Yo, soy yo y  mi inseparable  dolor de espalda. Ya dije en otra ocasión que la encimera de mi cocina es muy baja y  acabo todos los días con  postura Quasimodo.  El poeta no.  El  personaje de Victor Hugo.  Que el hombre  tenía muchos problemas físicos,  pero dolores no sufría, porque  ¡hay que ver qué manera de trepar por las torres de Nôtre Dame!

Pues a mí se me rompe la espalda con el fregoteo y eso que hoy casi no hay cacharrería porque he cocinado yo.

La vitroceramica  quedó anoche  como si se hubiera hecho una tortilla sin sartén. ¡Qué más quisiera yo,  por lo menos me ahorraba limpiar la sartén!  Y es que no aprenderé en la vida. No se me ocurre otra cosa que decir:
-El que quiera cenar que se haga su cena-. ¡Pues  va y se la hace! Tortilla de patata. Yo no quise verlo, me fui a la cama. Mi marido en la cocina es más peligroso  que encerrar a Cecilia Giménez  en el museo de El Prado.

A este muchacho le pilló mayor Barrio Sésamo y no hay forma de que aprenda lo de “grande y pequeño”. El fuego grande es para la sartén grande, el fuego mediano para la mediana y el pequeño para la pequeña. Pues no.

No me lo explico. Es brillante en su trabajo. Me deja con la boca abierta con sus trazados de calderería. El otro día, sin ir más lejos, hizo unas intersecciones de cañerías de diámetros iguales perfectas.  Es un hacha en interpretación de planos y dibujo técnico. O sea,  por problema de cálculo no es. 

¡¿Me quieres decir entonces,  por qué pone la sartén pequeña en el fuego grande?!  ¡Qué venga Iker Jiménez y me lo diga!

¡Madre mía, lo que supone fregar esa vitro y esa  sartén!  ¡No tengo fuerzaaaaa, sólo dolor! ¡Por eso pongo tanto empeño en no manchar, porque no lo puedo limpiar! 

Así que, ahí me tienes  en la cocina, desentonando protestas por lo bajini:  ¡¡Ksxnxnxhjg, ljvnnchcgtssndjkv kkxxxhvbsmo!!

¡Ups, ha venido el hombre a ver el estropicio!
 
Me dice con toda esa  fuerza irónica que domina como nadie: -Yo también te quiero-. Y me aparta del fregadero: ¡Anda, déjame a mí!-.   

¡¡Esas sí que son palabras de amor y no la canción de Joan Manuel Serrat!! 

¡Pues ahí le dejo con todo el fregado!  No puedo más de dolor, tengo que recostarme.

Cuando el dolor llega tan lejos, bien lo sabe dios y nuestra señora del abrigo de pana con el cuello alto (que diría Maruja Jarrón), que he considerado seriamente la posibilidad de emborracharme y hasta de emporracharme.  
Lo que sea. Hacer algo que me deje anestesiada tres días por lo menos.
 
He comprobado los efectos del alcohol sobre mi organismo, aunque nunca he rebasado la dosis recomendada por la OMS.  ¡Ay, la OMS!  Me pregunto como Natanael, ¿de ahí puede salir algo bueno? –Ven y ve- , le dijo Felipe. #
Es que voy, veo y me asusto. 
Acuérdate de la pandemia del H1N1, que no acertaron ni con el nombre. ¡Qué pifia! ¡Yo pensaba que estaban haciendo la promoción del último thriller médico de Robin Cook!

El caso es que mis dosis de alcohol ingerido no son suficientes para emborracharme. Aun así, puedo constatar que el consumo moderado de alcohol no me quita el dolor, ¡pero no me importa! 

Me produce una agradable sensación de relajación y alegría a partes iguales.  Eso unido a que Facebook me ha abducido con el mensaje, si la vida te da limones, pide tequila y sal, un día de estos me aberroncho a una botella y dejo de sentir dolor una temporada. 

Emporracharme  está descartado. Estoy en contra de fumar ya sea marihuana, tabaco o  lechuga, por la misma razón que estoy en contra del abuso del alcohol, lo considero una falta de respeto al don de la vida, la mía y la de otros. 

Y es que habrá pocas cosas más tontas que pagar un dineral por matarte.  Es como si contrataras un esbirro para acabar contigo lenta y dolorosamente. 

Supongamos que fumas una cajetilla de tabaco de unos 4 euros al día.  En un año te has fumado 1460 euros.  Si tienes la suerte de tardar veinte años en desarrollar cáncer, te habrá salido la cosa por unos 30.000 euros. Allá tú. Tú pagas, tú eliges. Pero míralo de esta manera, con lo que te gastas al año en tabaco te puedes ir al Caribe 15 días a un Resort & Spa, Todo Incluido. Tu calidad y esperanza de vida se dispara y el dolor se suaviza a golpe de sol, agua de mar a 28º y mojitos. 

Además, no sé si lo sabes pero aparte de matarte, el tabaco está relacionado con el dolor crónico.  Así que, como ya tienes bastante con lo tuyo, deja de fumar  antes de que el tabaco te fume a ti.

Como ves, ni fumadora, ni borracha , ni porracha. Hace poco he leído, no me preguntes dónde, (y eso que no bebí para olvidar) sobre un estudio reciente que prueba que la marihuana no quita el dolor, sólo ayuda a enfrentarlo de manera más amigable. Vamos, que si te emporrachas,  te crees esa patraña de que el dolor es tu amigo.

¡JA, mi amigo…!  ¡De eso nada!

No te digo exactamente lo que pienso del dolor porque no digo groserías, pero si las dijera, las palabras de arranque serían: El dolor es un grandísimo hijo. 

¡¡Yo lo que quiero es cantar como Jorge Drexler!!:

Por una vez que no duele
 todo el mundo a bordo,
 que la pena cante hoy
 en oídos sordos.

Jorge Drexler-Todos a sus puestos


O sea, que fumar marihuana no disminuye el dolor, sólo cambia la actitud y  la respuesta emocional del paciente.

Bueno, pues para eso no necesito emporracharme, me basta con leer MI HOMBRE IDEAL de José Ortega, ponerme un DVD de Les Luthiers o Ángel Garó.
Grandes dosis de  humor inteligente  que  me hace reír a carcajadas y mi estado emocional cambia como por arte de magia.

              El merengue-Les Luthiers


           Personas humanas(1994) Ángel Garó.


Es que yo la risa me la tomo muy en serio. 

Hace que el cerebro libere  endorfinas, un sedante natural más potente que cualquier opiáceo. ¡Donde estén las endorfinas que se quite el tramadol!

Cuando te ríes, el hipotálamo libera dopamina, neurotransmisor responsable de las sensaciones placenteras y la felicidad.  
Si te ríes a carcajadas, disminuyen los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Realmente te estás dando un masaje interno, todos tus órganos mejoran. Cinco o seis minutos de risa continua actúan como un eficaz analgésico y no tiene reacciones adversas.  Así que, venga, a reír se ha dicho.

Es verdad que no puedes ir por el mundo a carcajadas sin que te tachen de loca/o, pero  puedes ir riendo por dentro y sonriendo por fuera.
 
Incluso si no estás bien, sonríe, porque la sonrisa tiene un efecto biológico de bienestar en ti y en los que te rodean.

Yo sigo a la espera de que mi consorte termine  el fregoteo. Mientras...

Voy a instalar una sonrisa en mi interior,
una sonrisa que me salve del dolor.
La sonrisa es un idioma sin palabras ni dicción;  
la sonrisa es el lenguaje que susurra el corazón. 



*Celulitis en los muslos.

#Pero Natanael le dijo: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. Felipe le dijo: “Ven y ve”.(Juan 1:46)