miércoles, 25 de septiembre de 2013

Las siete magníficas.


A nosotras que una vez nos unió el dolor, siempre nos acaba reuniendo la risa. 

El dolor persiste, la risa resiste.

Desde hace años, ACEF (Asociación Cántabra de Enfermos de Fibromialgia) pone a nuestro alcance los medios para aprender a vivir felices.  Este es un objetivo primordial,  porque ser feliz es la mejor receta para soportar  el dolor y  evitar el daño.

Por eso, dos veces al año, dejamos atrás el mundanal ruido y volvemos a la calma  de la mano de nuestro maestro en Relajación y Autocuidado Luis serrano Tausía.  En un paraje  de cuento,  un precioso valle de Cantabria, está el que se convierte en  nuestro refugio por unas horas, el Monasterio de Soto Irúz.

En estos talleres de fin de semana,  Luis, en un derroche de creatividad y sentido del humor,  nos embarca  en una intensa aventura en busca del bien estar,  en la que podemos seguir inmersas el resto del año. Nos da los mapas y coordenadas  para no perder el rumbo de la estabilidad emocional, controlar el estrés  y vivir con fluidez nuestra vida diaria. Nos da las claves para  manejar nuestros problemas y circunstancias  huyendo de nuestros  dramas  interiores, restando así dolor al dolor.

Estarás pensando que vaya chollo, que ya te gustaría a ti. ¡Vamos,  que no te importaría tener fibromialgia, sólo para poder venir!   Pensarás que nos daremos de tortas entre nosotros para tener una plaza y no perdernos semejante plan para un fin de semana de lujo. Y es que todo el mundo demanda un curso de Luis, nos pasamos la vida reclamando un taller de relajación y autocuidado. Claro que,  en la asociación somos  trescientas personas y en el monasterio, sitio para todos,  no hay. Todos los años nos enfrentamos  al mismo panorama…  decepcionante.

Es una pena, pero el monasterio sólo está disponible para grupos de doce personas o más.
¡Mira que no dejamos de repetir las bondades de estos cursos y lo mucho que han cambiado nuestras vidas! Pues nada, no hay manera de conseguir un grupo de por lo menos doce personas.  Que si fuera de trece, lo podría entender... Pues no hay manera. No sé si seré un poco cruel pero,  me ronda la idea de que hay personas que no mueven un dedo por estar bien. Cada vez entiendo menos a la gente que justo cuando tienen el viento favorable, van y recogen las velas.

No lo sentimos por nosotras, que también, sino por todos aquellos que tanto lo necesitan y lo dejan escapar, una vez más. Una oportunidad para  aprender a manejar tu termostato emocional no se presenta todos los días. Otra vez será.  O no.

Lo sentimos también por aquellas que vivían la ilusión de su primer taller. Aunque para ellas, seguro que habrá más oportunidades, porque como alguien dijo, cuando el alumno está preparado aparece el maestro. Y el maestro aparecerá en cuanto le llamemos.  En eso confío. Seguid preparadas que no nos quedaremos sin taller, porque en esto, cada vez es  más cierto,  que cada uno tiene lo que se merece. Son ya muchos años aprendiendo a vivir...

Bueno, el caso es que las que estamos  apuntadas en la lista para un taller que no será, no llegamos  a una docena de personas.

Compuestas y sin monasterio.  Compuestas y sin Luis.  Compuestas y sin plan...

Pues si necesitamos un plan, cambiemos de plan.

Lo prioritario, la misma palabra lo dice, es  prioritario, o sea, PRI- primero; ORITA-ahorita-ya mismo; RIO- río-me parto de risa. Esto es bien sabido ¿no? Pues eso.

Lo prioritario este finde es que una de nosotras no tenga posibilidad de pensar.  Los pensamientos los carga el diablo.  Y este finde sólo tiene dos arreglos posibles, o desaparece, o  le atiborramos  de risa y  dicha.
 
Así que,  pensamos en convocar a las chicas de la lista que ya estaban al tanto de la situación de emergencia emocional que teníamos por delante.  Incluir a las  que no sabían nada de lo que nos traíamos entre manos  resultaría  desconcertante para ellas y un poco embarazoso para nosotras.
 
Este era un caso especial. Una urgencia intrínseca,  a la medida de LAS SIETE MAGNÍFICAS.
¡Una para todas y todas para una! ¡Madre, que lío me estoy haciendo  con las asociaciones cinematográficas!

Y fue un espléndido fin de semana. Esperábamos lo mejor y es lo que hemos obtenido.  No fuimos para  aprender,  sino para demostrarnos a nosotras mismas lo mucho que ya habíamos aprendido: 
Nada puede hacernos daño sin nuestro consentimiento. Somos las amas de nuestras emociones y  actitudes.  Todo está bien y si no lo está, ya  nos ocuparemos la semana que viene de que lo esté. Hemos tomado el control… y algún que otro gin tonic. Es que no había mojitos. Pero sobre todo, nos hemos reído mucho... mucho.



Decía Charles Dudley Warner  que la política hace extraños compañeros de cama. La Fibromialgia también. 

Formamos un ramillete heterogéneo y peculiar. Somos muy diferentes  en personalidad, opiniones,  creencias y experiencias. 
Somos muy diversas,  es verdad.  A ratos, tan incompatibles  como agua y aceite.  Alguien pudiera pensar que esas son cosas imposibles de armonizar.  Pero, es una creencia completamente errónea.  Verás, a mí me chifla la ensalada. No me gusta centrifugar mucho la verdura porque, precisamente, me encanta la textura y el toque que le dan el agua y el aceite. También me gustan los contrastes  de sabor por eso mezclo salado y dulce sin miramientos.  Nosotras somos una autentica ensalada gourmet, de eso no hay duda. Ingredientes muy diversos que se combinan en un plato  sorprendente y exquisito.  Ahora que caigo, la vida está repleta de ensaladas, pero este finde, hemos elegido esta.


Gracias MAGNÍFICAS,  porque  pudiendo elegir, elegisteis estar.

Y, gracias por todas esas cosas que nos unen, las que nos alientan  a  seguir…  VIVIENDO DE RISA.