jueves, 26 de junio de 2014

Runruneando.

Batallando sin prisa. Parte XXI
 
Rosama-Acúfenos
¿Te acuerdas de  El runrún de las narices...? Pues continúa el recital. Ahí seguimos runruneando mi cabeza y yo.  
No le hago mucho caso, porque esto,  si no es de la Fibromialgia, es que  a la trompa de Eustaquio se le ha ido de las manos el concierto.
Pero mi  reumatólogo  se empeñó en que tenía que verme el especialista para determinar la causa del runrún  y asegurarnos de que no haya perdido audición. Que no he perdido, que no.
 
¡Si  no pierdo ni las audiciones  a ciegas de La voz!  Es que los coaches (¡qué afición a los anglicismos!) me reconfortan  con esas frases memorables y bien pensadas  con las que pretenden dar jabón a los concursantes:
"Vaya tela, te habrás quedado a gusto, hija mía". (David Bisbal)
Sientes en las partes que hay que sentir  y  eres heavy en actitud, en obra y en omisión”. (Melendi)
 
"Los nervios te han pasado una jugada". (Rosario Flores)
"Tiene una voz sexual". (Rosario Flores). Esta no sé lo que quiere decir, (las otras tampoco, la verdad) pero esta, me recuerda aquello que contaba Rafael Amor sobre una subclase  de La vieja'l visillo, que  decía: -En la casa de al lado se oyen voces de mujeres desnudas...

Es en ocasiones como estas que lamento no tener un botón para  subir el volumen del runrún y dejar de oír tanta mentecatez.
Bueno pues, que fui al otorrinolaringólogo. ¡Qué manía de complicarlo todo a la hora de poner nombre a las cosas! ¡Si es que la palabrita no cabe en las tarjeta de visita!
 
En la consulta reinaba un silencio incómodo. No para mí,  que llevo banda sonora integrada.

Se supone que en la primera visita a un especialista se establecen las bases de una relación. Pues aquí no vamos a establecer nada. A mí me da la impresión de que a este hombre le importan un comino mis runrunes. Ni me mira a la cara. Que me dan ganas de decirle: -¡Holaaaa, holaaaa... soy un ser humaaaaanooo, agradecería una sonrisaaaa!

 
Lo que le cuesta dar las buenas tardes a la gente. Para que luego hablen del valor terapéutico de las palabras. Una consulta más triste que un panteón. Me trasmite más confianza una pulsera magnética. Que parece esto más la consulta del odio que del oído. ¿Me habré equivocado?
 
Pues no, que me hace una exploración del oído, así sin pedir permiso. ¡Ay, que me agarra de la oreja y me mete el otoscopio hasta el tímpano! ¿Qué confianzas son estas, si hace un rato ni me hablaba? Me fastidia mucho que me toquen las orejas, no lo puedo soportar.
 
 
Las orejas son unas incomprendidas. Y la nariz también. A medida que envejecemos, lo que vamos perdiendo en oído y olfato, lo vamos ganando en orejas y nariz. No paran de crecer hasta que te mueres. ¡Las orejas crecen 0,22 milímetros al año! ¡Ay, colágeno de mi vida y mi corazón, ¿por qué me haces esto?!
 
Y una audiometría. Me van a hacer una audiometría. Dentro de la cabina audiométrica sonoamortiguada los acúfenos se amplifican. Ainss... Me oigo hasta los latidos del corazón. ¿Será hiperacusia o que me estoy poniendo nerviosa?  Me concentro en las distintas frecuencias de sonidos  que me llegan a través del auricular y me olvido del runrún.  Antes de que me de cuenta, ya está la cosa lista.   
 
Que  dice el  facultativo que tengo un oído estupendo. Los acúfenos no me impiden oír. Eso se lo hubiera dicho yo sin audiometría. Que mi marido se pone auriculares para oír la radio sin molestar  y oigo yo  la radio mejor que él. ¡Que hasta oía respirar al gato, hombre!
 
Bueno pues,  mis  acúfenos no son el resultado de algún problema en el oído. Pueden ser el resultado de alguna medicación, de hecho, existen más de doscientos medicamentos que pueden causar acúfenos, entre ellos, algunos analgésicos, antidepresivos, antibióticos… Uff. Pueden ser el resultado de una disfunción témporo-mandibular (como la mía), o simplemente, una sensibilidad más de la Fibromialgia. Perfectamente pueden ser las tres cosas a la vez, no diría yo que no.
Tratamiento propuesto: Diazepam por un tubo.
Pues va a ser que no.
No me explico la relación Diazepam-Acúfenos, y el galeno no está por la labor de darme una explicación lógica.  
Teniendo en cuenta que,  su eficacia es ligeramente superior al placebo, y que estamos hablando de un tratamiento crónico, no me sale a cuenta el enganche.  
 
A ver, que no es por no convertirme en “drogalista” que, de una forma o de otra, ya lo soy o lo acabaré siendo. Es solo que prefiero algo que me despierte a  que me duerma. Prefiero ser yo, al completo, con runrún incluido, a vivir en el engaño de que estoy mejor,cuando solo estoy hipnotizada.   Y puesta a preferir, me quedo con el placebo. Tengo uno que es un lujo. Yo le llamo el placebo Yucatán.    Un paraíso en el Caribe Mexicano. Entre Margaritas, hamacas, iguanas al sol y mariachis. Sumergida en un mar turquesa con el agua a 28º en el que solo oigo el runrún de las olas y al pez loro royendo el coral.
 
Rosama en el Caribe Mexicano.