domingo, 24 de agosto de 2014

¿Juramento Hipocrático o Juramento Hipocritático?

Batallando sin prisa. Parte XXIII

Hay médicos maravillosos, cercanos, empáticos,  humanos.  Sé que los hay, lo que no sé es dónde.

Hay otros médicos  que deberían ser forenses; más concretamente, antropólogos forenses. Como la Dra. Brennan, alias "Huesos" (Bones en inglés). Por lo menos no harían sufrir a sus pacientes.

Todos los días me cuentan historias desagradables, como poco, cuyos protagonistas son médicos desalmados  y pacientes maltratados.
 
Algunas veces, las historias se quedan  en meras  anécdotas al más puro estilo surrealista, no carentes de daño, pero,  con cierta gracia si sabes verla.

Una de las más patéticas, la he vivido en segunda persona y tuvo lugar en una consulta de reumatología de un hospital público. Digo que la he vivido en segunda persona, porque yo iba de acompañante. Llamaré a la facultativa  Dra. Gimeno, en honor a Pablo Carbonell (Gimeno, en Hospital Central), y porque se llama así, ¡qué leñe!

La susodicha, hacía unos años que había diagnosticado a Fide  de Fibromialgia severa, aunque últimamente le decía que no creía en la FM y que quien debería tratarla era  un psiquiatra. En realidad, lo que ella cree es que "la FM es una diagnosis que se da a  mujeres cuarentonas que no tienen nada que hacer y solo se preocupan de sus dolores"

Sí, yo también me quedé muerta al oír tanta barbaridad. Un maltrato en toda regla. 

Fide se echó a llorar. Yo me eché a la yugular simbólica de la Dra. Gimeno.  

Y es que, Fide  conservaba el informe original de su diagnóstico, escrito y firmado de puño y letra por la mismísima Dra.  Gimeno: Juicio diagnóstico, Fibromialgia severa.

Y así se lo dije:
-Aquí hay algo que no encaja, usted ya diagnosticó a Fide  de FM, ¿no lo recuerda?

-Eso es imposible -contestó ella-  No creo en la FM.

-Eso no tiene nada que ver, hay curas que no creen en Dios, pero se saben el catecismo  y lo enseñan. Aunque usted no crea, la OMS y el Ministerio de Sanidad reconocen la enfermedad, y hay a su disposición  protocolos de diagnóstico y tratamiento. Solo tiene que estudiarlos y aplicarlos.

-Pero, vamos a lo que vamos. Dígame, ¿usted escribió y firmó esto?  
Y voy, y le pongo el informe sobre la mesa.

-¡No puedo creer que yo haya escrito esto!-.

Esa fue  su respuesta, y se quedó más ancha que larga.

A mi estas cosas, me ponen más borde que una esquina.  La respuesta me salió sola:

-¿Me lo parece a mí, o  aquí necesita un psiquiatra más de una…?

Eso la dejó fuera de juego, porque no dijo ni pío.

-Lo que está claro –le dije-  es que Fide  tiene un diagnóstico de FM firmado por usted,  el Ministerio de Sanidad dice que hay que controlar los síntomas.  El síntoma que nos trae por aquí es un hombro doloroso que no puede moverse y Fide quiere saber, a ser posible hoy,  qué va a hacer usted con él. 

Pues la buena mujer nos dijo que el hombro estaba perfectamente, que no le pasaba nada y que se olvidara de la FM  porque no la tenía. 

A lo que le espeté: -¡¡¿Cómo la va a tener si no existe?!! 

Y con las mismas  le dio el alta porque,  “no quería verla nunca más”. ¡Hala,  una  enferma de FM menos! ¡Acabábamos de descubrir el desdiagnóstico exprés!

Nosotras, teníamos muy claro que en cuanto saliéramos por la puerta, nos íbamos derechitas  a  Atención al Paciente, lo que no sabíamos era cómo relatar tanto disparate. 

A propósito del servicio de  Atención al Paciente o Usuario, ¿no podría ser Atención al Cliente? Por eso de que el cliente siempre tiene razón, digo.

Y pusimos una denuncia en Atención al Paciente, y otra en El Servició Cántabro de salud. Y me quejé personalmente a  su jefe, quién me comentó que era una magnífica profesional de una calidad humana extraordinaria. ¡Hala!

Entonces le dije que no estábamos hablando de la misma persona. Y me callé,  no quería llevarle la contraria. No porque no me guste llevar la contraria, que me gusta, más bien  porque en  ese momento, el Jefe de Servicio de Reumatología, estaba ocupado metiendo una aguja  en mi propio hombro doloroso y lo haría mucho mejor si no le contrariaba.  Mira tú por donde, ese día no hizo falta que tuvieran adrenalina a mano por si había alguna reacción alérgica importante. Es hablar de la Dra.  Gimeno y mis  glándulas suprarrenales son surtidores de adrenalina.

Por cierto, ¿con qué se mide la calidad humana? ¿Con imaginación? 

Esta historia  es un ejemplo de lo que sucede cada día en muchas consultas médicas de este país. 

Como te puedes imaginar  cada vez hay menos diagnósticos  de FM provenientes de "profesionales con una calidad humana extraordinaria" (déjame que me ría un rato). Hay comunidades autónomas, como la mía, en la que “la enfermedad es exigua”, dicho por la Consejería de Sanidad.

Esto es como el paro. Cada día hay menos gente en las listas del paro. ¿Por qué? No porque encuentren trabajo.  Se  dan de baja en el INEM, porque están hasta el gorro  y han perdido toda esperanza de conseguir un empleo, o se van del país en busca de trabajo.

Con la FM pasa lo mismo, no hay diagnósticos, no hay enfermos. El otro día me comentaba una amiga, que su médico le dijo que en Málaga apenas hay casos de FM. ¡Lo que no hay son diagnósticos, buen hombre!  

Qué alguien me explique cómo es posible que en el año 2007 según un trabajo editado a través de la Oficina del Defensor del Paciente de la Comunidad de Madrid en España hubiera 1.000.000 de afectados, y en 2014 haya 700.000, diagnosticándose cada año cerca de 120.000 casos. Dato este obtenido a través de redpacientes.com. Lo que ocurre en el Triángulo de las Bermudas es un chupete comparado con esto. 

Como uno puede suponer, "la de la extraordinaria calidad humana", no ha vuelto a hacer un diagnóstico de FM nunca más en su vida.  Espero que si tiene consulta privada, tampoco los haga allí.  Porque los hay tan ruines que,  en la  consulta  de la Sanidad Pública la FM no existe pero en su consulta privada sí.  Que esto ya es para hacerse una el harakiri con el estetoscopio.
 
Y aquí es cuando me da la risa con el tan renombrado  Juramento Hipocrático.  En mi opinión, dicho juramento ha pasado a ser un mero… un mero formulismo, una tradición.  Si  este juramento tuviera valor legal, que los médicos quedaran obligados legalmente a cumplirlo, otro gallo nos cantaría. 

¡Qué magnífica era la versión original!  Aquella que decía  por ejemplo: "Me abstendré de hacer daño o hacer mal alguno  a cualquier hombre…"  En la versión actualiza dicen algo así: “Hacer de la salud y de la vida de vuestros enfermos la primera de vuestras preocupaciones”.  ¡Oye, y van, y lo juran!

Los médicos  en general se enorgullecen de este Juramento  y muchos presumen  de  usar su conciencia y hacer lo que sienten que es moralmente correcto;  al fin y al cabo, esa es la esencia del juramento original.

Lo malo es que la conciencia de algunos es de cartón-piedra.  Como dijo Pablo, tienen cauterizada “su conciencia como si fuera con hierro de marcar” (1 Timoteo 4:2). Me explico. Cuando se marca a las reses con un hierro al rojo vivo, su piel se quema y se forma una cicatriz insensible. Del mismo modo, la conciencia de algunos  médicos, a todos los efectos, está muerta, la ha palmado hace años. No siente ningún dolor. Se queda muda cada vez que maltratan a un paciente; no les produce vergüenza. Y, por lo visto, no les preocupa lo más mínimo, se van a casa y duermen como lirones, dejando atrás personas maltrechas  y  sin esperanza, en una incesante peregrinación  de consulta en consulta.

Si Hipócrates levantara la cabeza… solo sentiría repugnancia.  Y Pitágoras también.