martes, 19 de agosto de 2014

No se relaje, esto es un masaje.

 Batallando sin prisa. Parte XXII

Desde que tengo uso de razón, me han estado dando masajes. Todo el tiempo no, claro. Ha habido períodos de descanso.

Eso del uso de razón a mí me crea unos problemas metafísicos que “paqué”. Porque, si tengo uso de razón, ¿por qué nunca me la dan? ¿Qué es, que  si me la dan, se quedan sin ella?  Si hago mucho uso de razón, ¿se gasta? Si la gasto, ¿he perdido la razón? ¿Por qué a los locos hay que darles la razón, si la van a perder?

El caso es que desde muy niña me han practicado masajes para aliviar el dolor o para intentar corregir la escoliosis. Digo intentar, porque la muy retorcida (nunca mejor dicho), ahí sigue. Claro que, si no me hubieran dado masajes, igual ahora estaba como el Quasimodo de Víctor Hugo.

A mí me sienta como una patada en la boca que a este personaje se  le llamara Quasimodo, del latín, “casi hecho”.
Es que hablar es muy fácil... Quedaba muy bonito decir eso de que el cuerpo humano no es más que apariencia, y esconde nuestra realidad. La realidad es el alma.  Bla, bla, bla... se te llena la boca de palabras bonitas Víctor Hugo, pero vas,  y al pobre muchacho le llamas “casi hecho”. Eso es una humillación más grande que Notre-Dame, además de ser mentira, por supuesto.

Quasimodo es  un hombre hecho y derecho. Bueno, derecho no, pero más hecho no puede estar el muchacho.  Porque aparte de tener una gran fuerza y agilidad, es valiente, listo y sobre todo, sensible. Víctor Hugo, metiste la pata con el nombre del chiquillo y con el final de la novela. ¡Ciento sesenta y cinco años de lágrimas para  que venga  Walt Disney Pictures y te cambie el final! Ahora ya nadie se acuerda de cómo termina tu obra.  Quasimodo puede considerarse desagraviado, y yo también. ¿No fuiste tú quien dijo que a las mujeres les gusta sobre todo salvar a quien las pierde? ¡Pues toma!

El caso es que, como iba diciendo, me han estado torturan... dando majases, desde que tenía ocho años. Y no estoy hablando de masajes de relajación precisamente.

Así que, desde ahora en adelante, ten en cuenta que habla la voz de la experiencia.

Decía Oscar Wilde que experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores. Estoy totalmente de acuerdo, porque yo voy de error en error, o sea, de masajista en masajista. Y cuando digo masajista, digo osteópata, quiropráctico, fisioterapeuta... huesero... con títulos, con titulillos, y sin ellos. Que cuando una está desesperada y saturada por el dolor  no anda pidiendo papeles.

Sé que es un error garrafal. Deberíamos asegurarnos de que todo el/la que nos ponga la mano encima sea Fisioterapeuta (a excepción de tu marido o mujer,  claro) acreditado por un título universitario y esté colegiado, aunque después se haya especializado en Osteopatía,  Quiropráctica,  o Filatelia. 

¡Que hay gente que hace un cursillo de fin de semana y abre una consulta!  

Luego pasa lo que pasa, que las condiciones en las que estás después de pasar por algunas manos, ya no son ni pasables. Y es que nos creemos que cualquiera de estas terapias son seguras, cuando lo cierto es que tienen muchos riesgos.

Total, que a mi esta gente, con título o sin él, lo único que ha hecho es torturarme un rato largo. Por eso, hace años decidí que no volvía a pasar por el proceso torturatorio nunca más.

Pues he vuelto a recaer. Llevo tres meses a suplicio  semanal. Para nada.

Resultados: mismas contracturas, misma escoliosis, mismo estado, menos dinero, más dolor. Porque a mi dolor habitual hay que añadirle el dolor debido a las manipulaciones y el masaje; que este... puñetero, cuando encuentra un punto de dolor se regodea y aprieta.

Además, estoy en una clarísima situación de alto riesgo: este hombre se trasmuta de  fisio en  quiro como Jekyll en Hyde, y en uno de esos crujimientos que me hace me parte en dos, en tres o en cuatro.

A esto hay que sumarle el dolor emocional que me ocasiona. El otro día me  dijo que me va a salir cuello de bisonte. ¡Menudo disgusto tengo! No se puede ser más grosero. Él tiene ojos de besugo y yo no le digo nada.

Pero ésta no ha sido una recaída total. Estoy recobrando el control. He puesto en marcha un plan de recuperación aprovechando que se ha tomado unas vacaciones:  No me vuelve a ver el pelo.

 
El mejor masaje de cuello me lo dio una pitón.
Tiene narices que el mejor masaje en el cuello que he recibido en mi vida me lo haya dado una pitón.