miércoles, 21 de enero de 2015

De amigos y otras hierbas.

Batallando sin prisa. Parte XXV


Cada persona tiene un concepto diferente de lo que es la amistad. Y en el mundo actual la palabra amigo ha llegado a ser demasiado abarcadora. Llamamos amigo a cualquier cosa… Acabamos de conocer a alguien y a los diez minutos le presentamos como nuestro amigo. Y es que hay amistades más superficiales que una reunión de Barbies en casa de Barbie Fashionista.


Etimológicamente, la palabra amigo deriva de la palabra amar, por lo que la amistad es una relación afectiva. Implica  entrega, preocupación por el otro, empatía, paciencia, escuchar y  perdonar. Pues, o esto no es verdad, o tengo que reducir considerablemente  mi  lista de amigos.

La verdad es que no hay nada como tener una enfermedad crónica para llegar a conocer bien a tus amigos.

Tengo que reconocer que los enfermos crónicos somos muy cansinos  y,  a veces,  bastante plastas.  Hay excepciones claro, pero la gran mayoría lo somos.

Tenemos la necesidad imperiosa de ser entendidos. Algunos, solo aspiramos a que nos crean cuando decimos que estamos enfermos, pero en el empeño de querer convencer,  acabamos desgastando a todo bicho viviente.

Mi experiencia me dice que el  problema parte de una calamitosa comunicación. Querer comunicarnos a base de quejarnos todo el día, es un mal sistema. Te lo digo yo, que alcancé el nivel experto en quejas.

Es verdad que no podemos ir contando a todo el mundo en qué consiste la Fibromialgia, sería agotador y una pérdida de tiempo. Pero educar en Fibromialgia  a la familia y  amigos es primordial,    por el bien de todos. 
Las relaciones con otros pueden generar una buena dosis de estrés si no aprendemos a gestionarlas. Por eso es mejor explicarles cómo funcionamos y lo que pueden esperar de nosotros, sin victimizarnos ni que nos victimicen.

No te voy a asegurar un éxito rotundo, tienes que reconocer que hay personas que tienen la empatía donde las abejas  el aguijón, y no comprenderán jamás. 

Eso sí, hay que tener paciencia. Recuerda que, a veces, ni tú misma  te entiendes, ¿cómo te van a entender los demás? Hay que darles el tiempo necesario.

Una vez dado un tiempo prudencial de adaptación, hacer una selección de amigos es muy sano. 
Hay gente que son muy buenas personas, no digo yo que no;  pero,  su capacidad para ponerse en el lugar del otro  es la de una patata. 

Cuando era muy pequeña, viendo una película de Raphael aprendí que hay dos tipos de personas, las que te dan paz y las que te la quitan. Aprender a reconocerlas es vital para mantener un razonable equilibrio emocional si tienes Fibromialgia. Y si no la tienes también.

   
Hace ya tiempo, tenía que acudir a una reunión de amigos y estaba cosida a dolores.  Como creía que merecía la pena, me hice un cóctel a base de Metamizol, Paracetamol, Tramadol e Ibuprofeno. (Cosa que no aconsejo hacer a nadie, te puede pasar lo mismo que a un huevo en un microondas).  Y así, con esa sensación de estar flotando y una inexplicable felicidad,   llegué al lugar de reunión. (Llegué porque me llevaron, que si tengo que ir yo sola todavía estoy dando vueltas por el garaje).  

Pues nada más llegar viene  mi amiga M con una sonrisa de oreja a oreja  y  me dice:  
-¿Cómo estás? Es un saludo, no me cuentes tu vida. 
-Pues tú puedes contarme la tuya cuando quieras- le dije - igual entre las dos descubrimos qué te hace más árida que el  desierto de Atacama
.
Y seguidamente me dispuse a contarle mi vida a un amigo muy observador que me dijo:
-Me alegro de que hayas podido venir. ¿Qué pócima  para el dolor has elaborado esta vez?
- ¿Cómo lo sabes?
-Porque tienes las pupilas como pelotas de ping-pong.

Aquel día descubrí de M  algo que no sabía. Esta mujer,  tiene un don: cualquier momento puede ser su momento All-bran. No digo más.

¡Qué  poco se piensa lo que se dice  cuando no se siente nada! ¡Qué razón tiene Rafael Amor cuando dice que hay gente que lleva un desierto adentro!

La experiencia me dice que no vale la pena mantener la amistad con algunas  personas, sobre todo con las que solo hay amistad de dirección única. 
Es verdad que a veces no nos queda más remedio que tener a estas personas en nuestras vidas, no podemos cortar toda relación con ellas, sobre todo si son de la familia,   pero entonces es primordial que aprendamos a mantener una distancia de seguridad emocional.

Algunas amigas con Fibromialgia se quejan de que sus amigos han cambiado, o paulatinamente se han ido alejando  hasta desaparecer de sus vidas.  
En algunos casos, no han desaparecido ellos, lo hemos  hecho nosotros. Mantener una relación de amistad en su punto óptimo exige energía y un estado emocional (para llamar, escribir, interesarnos, estar pendientes, invitar…) que nosotros no siempre tenemos. Por otra parte somos impredecibles: ahora podemos, ahora no podemos. Ahora quedamos, ahora cancelamos en el último momento. Esto genera una frustración que desgasta cualquier relación, hay que reconocerlo.

Entiendo que haya amigos que se alejen porque no están dispuestos a asumir las limitaciones e inconvenientes que nos impone la enfermedad. Los disculpo, pero no me culpo, yo no he elegido estar enferma.  Si se van, no lo considero una pérdida, sino una inversión. Tanta paz lleven como descanso dejan, que dice el refrán.

Por otro lado, en nuestra vida no falta lo más gratificante. Esos lazos que se hacen más fuertes con el tiempo,  la adversidad y las desilusiones.  Los amigos que se quedan a nuestro lado sabiendo lo que hay. 
Amigos que abrigan, tonifican e inspiran. Esos que son un antídoto contra la frustración y un bálsamo para el alma.  

Los amigos que nos valoran,  que hacen aflorar lo mejor de nosotros, son singulares regalos de la vida. 

A todos ellos GRACIAS y esta canción. 

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